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Por qué bostezamos: la ciencia detrás de uno de los reflejos más contagiosos
Ciencia

Por qué bostezamos: la ciencia detrás de uno de los reflejos más contagiosos

El bostezo es universal entre los vertebrados, contagioso y misterioso. La ciencia no tiene aún una respuesta definitiva, pero las hipótesis actuales son fascinantes.

Lo haces cuando tienes sueño. Lo haces cuando estás aburrido. Y muchas veces lo haces solo porque alguien a tu lado ha bostezado antes —o incluso porque has leído la palabra “bostezo”—. Este reflejo tan cotidiano lleva décadas desconcertando a los científicos: resulta que la explicación que aprendimos en el colegio no es del todo correcta, y las hipótesis más recientes apuntan a algo mucho más interesante.

Lo que NO explica el bostezo

Durante mucho tiempo se creyó que bostezamos porque nos falta oxígeno. La lógica parecía simple: el cuerpo, al relajarse o adormecerse, respira más superficialmente, el CO₂ se acumula en sangre y el organismo reacciona con una inhalación profunda para compensar.

El problema es que los estudios han puesto a prueba esta hipótesis y no la sostienen. Alterar los niveles de oxígeno y dióxido de carbono en el aire que respiran los participantes no aumenta ni disminuye la frecuencia de los bostezos de forma significativa. Hay que buscar otra explicación.

La hipótesis del termostato cerebral

Una de las teorías con más apoyo experimental en la actualidad sostiene que el bostezo ayuda a regular la temperatura del cerebro. Al abrir la boca ampliamente e inhalar aire fresco, se enfría la sangre que circula hacia el cerebro. Esto sería especialmente útil cuando la temperatura cerebral sube —como al despertar, cuando hay somnolencia o cuando el entorno es muy cálido.

Experimentos con voluntarios han mostrado que los bostezos son más frecuentes en entornos templados y se reducen cuando los participantes aplican compresas frías en la frente o respiran por la nariz (lo que también enfría el cerebro). Aunque esta hipótesis no explica todo, tiene respaldo experimental más sólido que la del oxígeno.

Un reflejo muy antiguo evolutivamente

El bostezo no es exclusivo de los humanos. Se observa en la práctica totalidad de los vertebrados: peces, reptiles, aves y mamíferos. Incluso los fetos humanos bostezan en el útero, lo que sugiere que es un mecanismo muy antiguo y de gran importancia funcional, aunque aún no sepamos exactamente cuál.

En muchos animales, el bostezo parece cumplir una función de señalización social: en algunas especies de primates, por ejemplo, bostezar ampliamente y mostrar los dientes puede ser una señal de alerta o una exhibición de dominancia. En los humanos, sin embargo, la función social parece ser distinta.

El misterio del bostezo contagioso

El bostezo contagioso —ese que aparece casi automáticamente cuando vemos a alguien bostezar, cuando lo leemos o incluso cuando pensamos en él— es quizás el aspecto más intrigante del fenómeno.

Los estudios sugieren que el bostezo contagioso está vinculado a mecanismos de empatía y cognición social. Las personas con mayor capacidad de empatía tienden a bostezar con más facilidad al ver a otros hacerlo. Los niños pequeños —que aún tienen en desarrollo las redes de empatía— y las personas con ciertas condiciones neurológicas que afectan a la cognición social muestran una menor sensibilidad al bostezo contagioso.

Algunos investigadores creen que los neuronas espejo —aquellas que se activan tanto cuando realizamos una acción como cuando vemos a otro realizarla— podrían jugar un papel en este contagio. Pero la neurociencia del bostezo contagioso sigue siendo un área activa de investigación.

Incluso los perros bostezan al verte

Un detalle particularmente curioso: los perros también bostezan de forma contagiosa cuando ven a sus dueños humanos hacerlo. Y parecen ser más susceptibles al bostezo del dueño que al de un desconocido, lo que sugiere que el vínculo afectivo amplifica el contagio.

En definitiva, el bostezo es uno de esos fenómenos biológicos que parece trivial pero que, cuanto más lo estudiamos, más preguntas abre. La ciencia tiene hoy mejores hipótesis que antes, pero no una respuesta definitiva. Y mientras reflexionas sobre ello, es bastante probable que hayas bostezado al menos una vez.

Lucía Navarro
Lucía Navarro

Divulgadora científica. Le interesan el espacio, la investigación y cómo la tecnología cambia nuestra vida online. Fan de explicar lo complejo sin jerga.

3 comentarios

  • CM
    Carlos M.hace 2 días

    Ojalá más medios informaran así de claro. Enhorabuena.

    ♥ 21
  • EC
    Elena C.hace 2 horas

    Buen punto el que mencionáis al final, no lo había pensado.

    ♥ 14
  • AT
    Adrián T.ayer

    Buenísimo el resumen, se agradece que vayáis al grano.

    ♥ 7