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Cómo hibernan los animales: el sueño profundo que desafía la biología
Ciencia

Cómo hibernan los animales: el sueño profundo que desafía la biología

La hibernación no es simplemente dormir mucho. Es un estado fisiológico extremo que ha fascinado a los científicos y que podría tener aplicaciones médicas sorprendentes.

Imagina que pudieras bajar tu temperatura corporal hasta casi cero grados, ralentizar tu corazón a unos pocos latidos por minuto, dejar de comer durante meses y despertar en primavera tan fresco y musculado como antes. Para un oso, un murciélago o una marmota, eso es la hibernación: no un simple sueño largo, sino uno de los estados fisiológicos más extremos y fascinantes que existe en el reino animal.

Qué es realmente la hibernación

La palabra “hibernación” se usa a veces de forma imprecisa para referirse a cualquier animal que “duerme” en invierno. En biología, sin embargo, tiene un significado específico: un estado de torpor profundo y prolongado caracterizado por una drástica reducción de la temperatura corporal, la tasa metabólica, la frecuencia cardiaca y la respiración.

Durante la hibernación verdadera, la temperatura corporal de algunos animales puede caer hasta casi igualarse con la del entorno —en el caso del suelo ártico, eso puede significar estar a pocos grados por encima de cero—. El metabolismo se reduce a una fracción pequeña de lo normal, lo que permite al animal sobrevivir durante meses sin comer gracias a las reservas de grasa acumuladas en otoño.

No todos los hibernadores son iguales

Conviene distinguir entre distintos tipos de torpor invernal:

  • Hibernación profunda: protagonizada por animales como marmotas, lirones, murciélagos, erizos y algunos roedores. La temperatura corporal cae dramáticamente y el animal es prácticamente imposible de despertar sin un esfuerzo externo.
  • Torpor facultativo: algunos animales entran en fases breves de torpor cuando las condiciones son adversas, sin necesidad de que sea invierno.
  • El “sueño invernal” del oso: los osos pardos y negros no son hibernadores estrictos. Su temperatura corporal solo baja unos pocos grados, su metabolismo no cae tan drásticamente y pueden despertar con relativa facilidad si se les molesta. A este estado se le llama a veces “carnivory” o letargo. Lo notable es que las osas dan a luz y amamantan cachorros durante este letargo.

El enigma de la masa muscular

Uno de los aspectos más sorprendentes de la hibernación es que los animales emergen de ella prácticamente sin haber perdido masa muscular, a pesar de meses de inactividad total. Cualquier persona encamada durante semanas sufre una atrofia muscular notable. ¿Cómo lo evitan los hibernadores?

Los investigadores han descubierto que estos animales activan mecanismos moleculares específicos durante la hibernación que inhiben la degradación proteica y, en algunos casos, incluso permiten cierto reciclaje de los residuos nitrogenados que normalmente se excretarían. Comprender estos mecanismos tiene un enorme interés médico potencial: podría aplicarse en el tratamiento de la atrofia muscular en pacientes encamados o en el mantenimiento de órganos para trasplante.

Cómo “saben” los animales cuándo hibernar

La señal principal es el fotoperiodo: la duración del día. A medida que los días se acortan en otoño, el sistema circadiano del animal registra el cambio y comienza a preparar el cuerpo: aumenta la ingesta de alimento (hiperfagia), acumula grasa, reduce la actividad… hasta que llega el momento de entrar en torpor.

La temperatura ambiente y la disponibilidad de alimento también influyen, pero el fotoperiodo es el desencadenante primario en la mayoría de las especies, lo que permite a los animales anticiparse al invierno antes de que este llegue.

¿Podría hibernar el ser humano?

Los seres humanos no hibernamos de forma natural, pero la investigación sobre la hibernación tiene implicaciones médicas muy interesantes. Inducir estados de “hibernación artificial” o torpor en pacientes podría ser útil en cirugía de emergencia, en el tratamiento de ciertos daños por isquemia (como los que ocurren tras un infarto o un ictus) o incluso —en un futuro especulativo— en vuelos espaciales de larga duración.

Los estudios en ratones y otros mamíferos han mostrado que es posible inducir torpor de forma artificial manipulando ciertos circuitos neuronales y moleculares. La biología ya tiene el manual: solo falta aprender a leerlo.

La hibernación es mucho más que un largo sueño. Es una solución evolutiva elegante a uno de los mayores problemas de la vida animal: sobrevivir al invierno cuando el alimento escasea. Y sus secretos podrían, algún día, ayudarnos a nosotros también.

Lucía Navarro
Lucía Navarro

Divulgadora científica. Le interesan el espacio, la investigación y cómo la tecnología cambia nuestra vida online. Fan de explicar lo complejo sin jerga.

4 comentarios

  • DA
    Diego A.hace 2 días

    Ojalá más medios informaran así de claro. Enhorabuena.

    ♥ 13
  • MS
    María S.hace 2 horas

    Buen punto el que mencionáis al final, no lo había pensado.

    ♥ 6
  • IG
    Iván G.ayer

    Buenísimo el resumen, se agradece que vayáis al grano.

    ♥ 23
  • LG
    Laura G.hace 3 días

    Guardado en favoritos, gracias por currároslo tanto.

    ♥ 16